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(en mi idioma, todo sobre lo que voy viendo)

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    ¿Cómo hace alguien de "cultura urbana" para adaptarse a un entorno en el cual todavía se hacen las cosas tomándose su tiempo y con las manos, y la comida no aparece por arte de magia en la nevera? A inicios de 2014 me propuse que iba a decrecer y la verdad es que no lo cumplí demasiado. Para que no se me olvidara me encuentro limpiando con cuidado el primer pescado grande de mi vida. Nunca lo había hecho. Y ayer la cocina apestaba pero yo estaba orgullosa de saber que puedo hacer lo que sea. O al menos no voy a poner impedimentos para intentarlo.


    Es como lo de viajar a países a los que nadie se le ocurriría ir de primeras porque no llaman la atención. O como dar esa voltereta que siempre te dio miedo. O conducir sin rumbo ni pereza por quedarte colgada sin gasolina ni pueblo cercano, en una carretera perdida de África. O como escribir una entrada en el blog sin saber si a alguien le interesará.


    Para quien le interese, y para que no se me vaya la costumbre de decrecer, también suelo tomar notas de cada entrada del blog a mano, en una libreta. Eso antes de pasarlo todo al ordenador. Es una forma de concentrarme, relajarme… y luego vienen los cambios, tratando de que la idea que estaba en el papel permanezca.


    La entrada de hoy comienza en abril de este año, en una playa desierta. Mientras estoy con el boli en la mano solo hay una persona corriendo, de fondo, puede ser que sea rara como yo. Existen a veces puntos olvidados para casi todo el planeta menos para quienes en ellos han nacido. Os cuento desde mi carpa playera de colores, único punto que probablemente se vea desde el cielo si me apunta un satélite, algo sobre lo que sé acerca del país que me está acogiendo estos momentos. Trazas de historia y de mar.




    a)  Trazas de historia

    En el tercer curso de secundaria un día Don Rafael llegó a clase con el mapa de Mauritania para hablar de ese país en concreto del que mucha gente no sabe nada. Dejó sus gafas al lado del retroproyector y nos preguntó lo que sabíamos, y a medida que alguien decía algo, por muy vaga que fuera la idea que ese adolescente tenía del país, él iba aprovechando la coyuntura para contar alguna anécdota. Y darnos lecciones de humildad y de historia. Me encantaba ese profesor.


    No trato de tener rigor histórico, entre otras cosas porque la historia es imprecisa y siempre hay personas que se dedican a ella y saben más. No obstante, si pudiera dar un salto en el tiempo, de esos de las películas, le hubiera dicho al profe que un buen amigo de aquí me ha contado que básicamente hay ocho fases de la historia mauritana conocidas (al menos por él):

    1.  Lo primero que se conoce son los serer. Hay varios documentales sobre este pueblo prehistórico que sobrevive hoy en día en pequeños grupos repartidos entre varios países de África occidental. Sobre la religión serer y lo que aportaron a la cultura y tradiciones de la actual Mauritania, sin embargo, no se sabe demasiado. 

    Mientras tanto también habían poblaciones bereber.

    2. Tras esta civilización viene otra de la que se sabe más y que los entendidos dicen que son los primeros mauritanos que todavía existen hoy: los soninké. Son muy conocidos por ser quienes vivieron en Ouadan, uno de los lugares turísticos del país. Cumbisale (creo que se escribe así) fue la capital de su reino, aunque no he encontrado nada sobre ella. 

    3.  Después llegaron los almorávides, primeros musulmanes en el territorio y de los que también desciende una gran parte de la población de mi zona de España. Fueron los unificadores de Al-Andalus y aquí en Mauritania estuvo una de sus cunas, en las ciudades perdidas, que por cierto todavía no he visitado. Tema pendiente por si a alguien le apetece acompañarme. 

    4. Y tras ellos, unos siglos más tarde, arriban los Beni Hassan, una de las cuatro tribus árabes que emigró a la zona del Magreb y del Sahara allá por el siglo XI. Arabizaron a las tribus de la zona y trajeron la lengua hassanía. He escuchado que fueron los primeros que sometieron a otras tribus a la exclavitud que hoy en día todavía se sabe que existe... 

    5 Se dice que entonces los peul o fulani, otro pueblo en gran parte nómada con cierto poder en esa época, sobre todo en el sur, donde está el río Senegal, buscan los Beni Hassan para luchar contra almorávides y poder quedarse en el territorio. No he encontrado mucho en internet sobre esto. 

    6. Es en aquel momento cuando llegan tres entradas importantes y que probablemente conviven y se relacionan en algún momento entre ellas (disculpas si me equivoco al contar esto): una desde la zona de Tombuctú (eso me cuenta ami amigo, pero no consigo encontrar más información), otra de andalusíes que escriben los famosos manuscritos andalusíes que tanta gente viene a traducir e investigar, y la tercera entrada es la de los moriscos.

    7. Todo esto da lugar a una época mucho más cercana a la moderna, con mucha gente de paso y nómada durante años, décadas y siglos, proveniente de todos los pueblos que alguna vez habitaron Mauritania. 

    8.  Y voilà la llegada del imperio francés en el siglo XX, quienes colocaron el primer puesto en Nuakchot que no era nómada, para crear la capital. Eso da lugar a la ciudad desde la que escribo. Un millón continuo de habitantes con una historia de gente de paso y de mestizaje que desgraciadamente se une a una inestable pero fascinante historia moderna.


    b)  Trazas del mar que voy descamando

    El mar y sus saberes también me están llegando poco a poco, aunque no hable demasiado con los pescadores. Trato de quedarme con algunos conocimientos, siendo urbana como soy (ya se sabe: el pescado nace en la bandeja de plástico del supermercado). No obstante, desde esta humilde postura de quien aprende y le apetece contar, a Don Rafael le diría que:

    1.  Las tellinas no les gustan demasiado a la gente mauritana, no ven claro lo de que esos bichos del mar se coman, y yo me pongo las botas. Cuando es temporada, es decir, allá por octubre - noviembre (¡ya queda poco para la temporada de este año!), y si la marea está baja, solo con entrar a la orilla y meter la mano en la arena a una profundidad de medio palmo sacas una mano llena de tellinas. Pero es que si vas un pelín más adentro (¡atención, que rompen las olas del atlántico!) lo que coges son almejas. Para comer las tellinas solo se dejan en agua desde la mañana hasta la noche y ya tienes todas las que quieras. Todas las que quieras.

    2.  Pero la exuberancia de Mauritania para la pesca, por supuesto, no alcanza sólo al marisco. La variedad y buen precio del pescado te invitaría a comerlo todos los días. Ayer mismo las truites de mère que compré (parecido a una lubina, pero con manchas negras) me costaron dos euros. Ni que decir cabe que esto no es solo bueno para el país, también provoca problemas. 

    3. Finalmente, le contaría a mi profesor que ahora trabajo en cooperación internacional y que hay un gran proyecto de pesca aquí, entre otros bien grandes que ha habido. Se trata de un país complicado para que las cosas se mantengan, por varias razones creo. Otro día cuento más sobre esto, para no hablar por hablar.


    Mi conclusión, Don Rafael, es que solo se trata de descamarse, quitarse lo que se lleva encima que no deja ver,  y aprender. Volvería hoy a esas épocas con todo en mi mente, pero si volviera no lo hubiera aprendido, y me encanta haberlo hecho. Aunque... bueno, he de decir que me gusta tanto compartirlo por aquí como vivirlo.



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  • 01/28/16--08:02: Quienes estamos

  • Sal, caza, ríe, explora, explota, libera, libra, sal, ven, mira, escucha, pasea, descubre,


    que la marea quita, pone, escribe, da, mira, canta, baja, sube, escucha, se va.


    Y quienes estamos


    venimos, nadamos, caminamos, creemos, mareamos, instigamos, libramos, liberamos, queremos, o no…


    Por tanto, no es por insistir pero


                    descifra, captura, sonríe, investiga, sácalo, libra, libera, sal, acércate, observa, óyeme, camina, conoce.


                    Es solo algo que se me ocurre decir desde un balconcito de Senegal, en octubre de 2015, desde el barrio de Mermoz,
                    en Dakar.

                    Porque hay calor, y la vista se va hacia el cielo.


     

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    No podía comenzar una nueva etapa en Colombia sin tomarme un rato para sentarme y escribir sobre los varios momentos vividos al final de mi periodo mauritano. Se puede decir que he tenido una salida abrupta, muy lejos de lo que esperaba que fueran mis últimas semanas tras una fase de mi vida llena de riquezas y de encuentros con objetivos cumplidos…
     
    Pero veamos tres momentos, por orden cronológico:
     

    Momento "A)", lo que llamo la construcción de la desigualdad


    Algo así como un mes y medio antes de salir de Nouakchott, me encontraba en pleno atasco en una de las varias rotondas del centro de la ciudad. Las diferencias entre etnias y grupos en el país también se ven ante el volante. Y además existen manifestaciones claras de construcciones culturales machistas, como la de darle paso siempre a una mujer de etnia mora mauritana* que conduce, solo por el hecho de ser mujer.


    Podemos imaginar la cantidad de situaciones disparatadas que ello puede crear, y por supuesto la mayoría de ellas pasa por echarle la culpa a las “moras blancas” de cualquier situación rara en el tráfico, solo al verlas dentro del embotellamiento. Y por su lado estas mujeres no comprenden por qué hay gente que no respeta su prioridad que va ante todo y sobre todo. Esa prioridad que está por encima de la ley. En fin, que una cosa lleva a la otra.


    Ese día, en esa rotonda, sin poder mover el coche ni un milímetro, no di paso a que una señora viniera en sentido contrario. Me siguió hasta casa en su coche, me amenazó y dijo que yo no respetaba nada.


    Ante esos altibajos a causa del estrés se puede caer en la inercia de no ver qué hay debajo de la reacción de esta mujer. No le permití que gozara de los dos beneficios que tiene: El de su etnia y el que deriva de suponer que las mujeres no son iguales y por eso se les debe dejar pasar. Ambos bien difíciles de cambiar.


    Sólo pude decirle que con ella no se puede hablar y entrar a casa. Solo eso.


    No me gustó nada mi reacción porque presumo de ser socióloga y de tratar de comprender. Presumo de trabajar por la igualdad. ¿Qué hacer cuando por estrés hay situaciones que superan? Debí haberme tomado un tiempo para tratar de hablar con esta mujer, aunque sepa que hay costumbres tan enquistadas que solo se pueden conseguir avances hacia la igualdad comprendiéndolas, y trabajando varios años en la cultura que las da por buenas.


    Espero no sonar muy condescendiente, pero no se me ocurre una mejor forma de comprendernos que tratando de hacerlo.
     

    Momento "B)",  lo que llamo esperanza y a la vez injusticia


    Y esa desigualdad hace también que sólo las mujeres deban ocuparse de los y las más pequeños. Como las del trabajo que he venido realizando.


    Empezaré por el principio. La alimentación de los bebés y niños/as es un problema muy grave en muchas partes de Mauritania, desde hace tiempo, con épocas en las que el problema es menos dramático y otras que debido a las condiciones climatológicas todo se agrava. Además, las mujeres encuentran poco apoyo de la familia para cualquier tarea relacionada con los cuidados.
     
    He trabajado un año y medio en coordinación con las estructuras de salud para asegurar que haya recursos, se reconozca este problema y atienda a todo el mundo, para tratar de evitar injusticias.


    Por mi parte, no he solido pasarme mucho por los hospitales, pero como la zona de trabajo está lejos de Nouakchott (la región se llama Brakna y la capital Aleg), de repente, en uno de mis últimos sábados, me encontré con una llamada de urgencia. Había un bebé que ya había sido evacuado a la capital del país, pero ese día venían dos más. Y me sorprendí en un centro saturadísimo, buscando a la enfermera que acompaña a las madres para que los bebés no se murieran.

    En la mayoría de los momentos que estuve esperando en el hospital sentí mucha impotencia por no saber hacer nada más… y por ser consciente de que, aunque pasara todo el tiempo del mundo en urgencias, siempre es mucho más útil para esos bebés que me quede quietita en mi despacho.
     
    No obstante, a pesar de nuestros problemas de entendimiento por el idioma (ella solo hablaba árabe), el carácter y el buen humor de la enfermera fue lo mejor del día. Es algo que desde luego se me queda grabado. También es algo que ha quedado allí mientras yo estoy aquí. No sé si la vida me regalará otra tarde con ella. Lo dudo.


    Uno de los tres bebés murió por complicaciones. Los otros dos volvieron a Brakna con sus madres y con la enfermera, varios días después.


     
    Momento "C)", lo que llamo que las cosas realmente te toquen a ti


    Pero no basta con vivir en un sitio, no basta con tener amistades que te cuentan la realidad, no basta con conocer sus problemas y ser empática. No. Para realmente saber por dónde andas debes vivir las cosas en primera persona, y me pasó.


    Los problemas del corazón siempre suelen ser graves, pero si encuentran a un ser querido en un día en el que nadie trabaja, en un lugar con un sistema sanitario muy débil, y estás sola para ayudarle, entonces comprendes a la mujer del coche, a la enfermera, a las madres de los bebés, y reconoces por fin donde estás.


    Un buen regalo que te puede dar la vida es que en medio de todo ese contexto te sientas bien tratada, y tu familiar bien atendido, y todo salga bien… Sí, que todo salga bien, y que las personas pongan en tu mano todo lo que les es posible... Definitivamente  sí, que todo salga bien porque por suerte puedes permitírtelo.


    En ese momento y no en otro después del casi año y medio que he pasado en Mauritania, es en el que le di gracias a todo lo que se le puede dar, por haberme permitido vivir algo que no mucha gente tiene suerte de vivir. Y salir airosa.

    Hoy es aquí, ayer fue allí, mañana no se sabe. Siempre será diciembre de 2015 en Nouakchott.
     
     
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    * Etnias mauritanas de tez clara, algunas de las cuales tienen el poder de las instituciones gubernamentales y económicas. Por el contrario, las etnias mauritanas de tez oscura no tienen, por lo general, igual acceso a los espacios de poder.

     

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  • 06/26/16--19:12: Alma tuareg, alma emberá

  •  … Gracias a las nubes, a esas nubes de hace más de dos meses de esta foto… Gracias a ello me he decido hoy, y no cualquier otro día, a publicar este post. Y es que las noticias que han llegado hoy desde mi país muestran que muchas veces la sociedad no quiere cambio, y que, desde mi punto de vista, tiene miedo. Mientras, por los lados del charco en los que me sumerjo desde inicio de este año, esta semana ha traído la paz.


    Y es una sola voz por el fin del conflicto, la de una sola mujer a la que dieron hace poco espacio en un foro, una con carisma, la que me hizo sentir ser de nuevo parte de este pequeño mundo en el que cada quien mira para sí. Ella nos preguntaba a los asistentes ¿Por qué se olvida a nosotras, el 79% de las víctimas? Sin datos aproximados ni estadísticas certeras, más que su experiencia de vida, nos transmitía con ojos encarnados lo que había vivido.
     
    http://www.rociodelatorre.com/
    De repente, en ese momento, comencé a pensar también en una buena amiga tuareg, de la que me he despedido llorando hace cinco meses. No por dejar de vernos sino por contar su experiencia ha sido la única vez en la que la he visto llorando a ella, siempre tan alegre. Tuvo que huir de su país hace ya un par de décadas y rehízo su vida en Mauritania, pero cuenta sin tapujos entre mujeres las veces que fue violada en Mali ya por los años 80*. Fuerte es, muy fuerte, y tanto se sigue preocupando por mí que me sigue escribiendo "whatsapps" para ver si estoy bien. Necesito continuar llevando conmigo el alma del pueblo tuareg, y por ahora, en este contexto en el que vivo, puedo seguir recordándola con una pequeña pulsera que hizo a mano y me regaló.

     
    Pero suma, no olvides.
    
    www.instagram.com/art_by_clod/


    Mientras tanto, allá en ese viaje por esas nubes de hace un mes, en uno de esos pequeños aviones que se mueven hasta darte un susto pero de los de verdad, recordaba los grupos de mujeres emberá y de otras etnias indígenas del pacífico colombiano. Esos que están en este momento tratando de cambiar su situación, apostando por la paz, por mantener su identidad y por conseguir igualdad al mismo tiempo. ¡Al mismo tiempo, por favor, a ver si esta vez en la historia sí se consigue! Las mujeres emberá se pintan con jagua y achiote y danzan y me miran, y sonríen, y no puedo evitar querer gritar y llevar esa segunda pulsera como si fuera un tatuaje.


    Alma tuareg, alma emberá. Ellas nunca han tenido lugar para su patria en paz. Quieren conseguirlo.


    Por favor, no me abandonen mujeres, no me abandonen ninguna. Guíen a esta torpe a la que nada le falta a encontrarse. Unamos almas, cantemos, lloremos, riamos y gritemos, pero por favor no en las nubes sino con la fuerza de los pies puestos en tierra, para que no se nos deje de oír. El sonido de la voz se graba, mis queridas, y también el de la palabra escrita.

    --


    *Durante años, el pueblo tuareg ha participado en guerras que no eran la suya, mucho antes de las rebeliones que comienzan en 2012. En estos conflictos, las mujeres han sido utilizadas como “armas de guerra”. No he encontrado artículos en español sobre la situación de los años 80 del pueblo tuareg, y mucho menos de las mujeres como mi amiga, pero esta entrevista a un mercenario pagado por Gadafi puede dar pistas:

    Pregunté sobre las acusaciones de que las fuerzas de Gaddafi habíanviolado a las mujeres. “Nunca vi eso”, aseveró. Pero su unidad encontró ungrupo de mujeres que aseguran haber sido violadas por hombres de Sudán y Egipto que habían estado combatiendo con los rebeldes.


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    Aprovechar y vivirlo todo. Lo que se tiene y lo que se hace en ese momento, ni antes ni después. Con toda la intensidad de que dispongamos...

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    Ya hoy no les veo. Parece que ellas y ellos a mí tampoco. Pero vuelvo al "ayni" de siempre para enviarles unas simples palabras que explican lo que cada quien supuso para mí, antes de que se marcharan jóvenes, incluso muy jóvenes en algún caso. No sé si antes de lo que les tocaba, o puede ser que ya hubieran dado lo que tenían que dar. Sinceramente, me hubiera gustado que permanecieran, sólo por estar un poquito más de tiempo nomás, pero no todo el mundo puede, y todo el mundo se irá. Es parte de esta linda y corta vida que tenemos. En fin, a lo que voy, que en mi caso me dieron algo, y lo comparto.
    ...

    La primera persona en irse fue "J". Tenía sólo 31 años. Gracias a la oportunidad que me dio estoy hoy donde estoy. Los pasos los fui dando yo, pero me puso las primeras baldosas que permitieron que no resbalara. También fue mi primer ejemplo laboral. Cada palabra que decía, cada vez que contaba su experiencia en los Balcanes, cada programa informático que usaba, cada vez que arreglaba el tóner, cuando quería cambiar el mundo contratando a personas con potencial, como decía. Y sobre todo, cada vez que insistía para que no me pagaran pequeños montos como voluntaria, sino que fuera contratada. No lo consiguió y buscó por su cuenta mejorar. Huyó corriendo para formar una familia y se fue tan rápido como salió de mi oficina, mientras yo estaba en mi segundo viaje, en Marruecos. Era 2004.

    No pensaba que iba a tardar tan poco y cuando volví ya ni pude ir a verle. El último recuerdo: su elegancia, su forma de tratar bien a las personas y la tranquilidad con la que aún me contaba anécdotas en sus últimos días, que no pensábamos que fueran los últimos. No le he borrado de mis listas de contactos y aún tengo las oleadas de intercambios de información entre tres continentes cuando todo el mundo estaba sorprendido de que no nos escribiera más. "J" volverá a mí cada vez que me vaya de veraneo en mi dulce cuna esperando que alguien me dé una primera oportunidad, como un ejemplo en lo que ahora hago, con sus defectos y virtudes.



    ...
     
    "G" desapareció de una forma increíble, dándolo todo por cruzar el charco desde África hasta América para conseguir traer una persona a este mundo. Su familia le siguió y su amor perdura hoy en día en cada gesto de los y las que ha dejado y con quienes me sigo escribiendo muy de vez en cuando. La primera conversación que tuvimos fue con un par de cervecitas en una playa, sobre la última malaria que había pasado. Me dijo que había sentido como un pitido en el oído antes de enfermar, y yo ya estaba esperando sufrir también la enfermedad de un momento a otro, aunque nunca me pasó.


    Y la malaria no le mató, porque era demasiado fuerte, una persona muy activa. Lo único que le pudo llevar fue el amor, con algo más fulminante que su risa y en muy pocos meses. Tenía un año más que yo en 2011. Ni la fuerza de la energía que dejaba por donde pasaba, con nuestras fiestas en Tanzania, le sirvió para quedarse. Demasiado bueno era todo para un sólo mundo en el que existir.

    En mi cabeza queda el recuerdo de esa persona bella por fuera y por dentro que me mostraba cómo eran las enfermedades y estaba asustada, y bebía conmigo para olvidar, y bailaba, y cantaba, y reía. Ya no tendrá miedo. Aunque por lo poco que le conocí puedo afirmar que en realidad nunca lo tuvo.
     
    ...

     

    "JC" me recibirá en su casa, como cada vez que le veía, en el calor o en el frio. Me ayudará en todo lo que pueda. Siempre seguirá con su café y su cigarrillo contándome cosas que si no hubiera saltado el charco para llegar a Bolivia no hubiera conocido. Más bien no me dejará hablar, como siempre, pero yo me impondré para que no domine la conversación. Tras esto, mirándome fijamente con mi sorpresa delante sólo me dirá lo mucho que quiere a Raquelita por ser como es. Y me desharé en pensamientos contradictorios que al final sólo me llevan al elogio. Pasábamos tras esa conversación a dar volteretas en la piscina… a vivir la vida sin más, nada más y nada menos.



    Dando siempre lo que tuvo, fuera mucho o poco, con las dificultades que ello le traia. Con amistades tocando a la puerta todo el día, niños y niñas con bengalas en casa por navidad, idas y venidas sin parar, y años y años de hospitales. Sin dejar de decir que me quería, primero con linda voz que bien serviría para doblar películas, luego con tono tembloroso pidiendo que cuidara a quienes quedaban. Lo que es claro es que se hizo mejor persona durante su enfermedad. En el desierto de Argelia estaba yo el día de su partida en 2013, pero igual nos llamábamos, eso sin dudarlo. Pronto le visitaré, de verdad espero, allá en su verde campo en el que está.
    ...


    Al llegar aquí a Colombia aún no sabía que "AL" se nos había ido. Súbitamente vino ese pensamiento de ese día volviendo a casa, después de una reunión de trabajo que supuso la conexión que me permitió conocer que se había marchado. Cuando le vi por última vez, en este lado del charco pero más abajo, en tierra de volcanes, me dijo que nunca trataba sus males con medicina tradicional. Afirmaba que la familia estaba asustada pero que había que intentarlo de forma natural. Tras ello le seguí la pista por teléfono durante meses porque me mostraba donde yo quería estar en 15 o 20 años, al lograr decir las cosas sin tapujos, sin miedo.


    Pero en esas fechas de 2014 yo ya no le había escrito desde hacía unos meses porque estaba absorta en mi mundo… Tanto siento no haber compartido unas últimas palabras que la única solución que encuentro es decir por aquí lo importante que considero que fue para su país y lo que su existencia supuso para mucha gente. La imagen de mi relación con esta persona: Un discurso que dio en la asamblea nacional de Ecuador ante cientos de asistentes, cuando ya sabía que su momento político había terminado, en el que osó acordarse de esa pequeña Raquel que estaba sentada donde nadie le veía y dijo que la cooperación necesitaba más gente bien intencionada como ella. ¡Qué gratitud cuando supe que se había ido y lo que me hizo creer en mí misma con ese simple gesto!
    ...


    Y este año se ha marchado la última persona, "D", tras tiempo de no verle pero seguirle siempre de cerca por internet o a través de los otros colegas de toda la vida. Siempre fue para mí otra referencia, aunque nadie lo imagine, por su inteligencia, su emprendimiento y la forma en la que supo ganarse a la gente siendo como era. Sólo me da pena no haberle podido decir que no existen las diferencias políticas ni de ningún otro tipo si las personas se comprenden, y que esas cosas son pasajeras como nuestro tiempo aquí. Pero, sobre todo, si le tuviera delante le hubiera dicho que si bien alguna vez me hizo llorar no fue lo que dijo sino más bien mi impotencia por no poder explicar a personas tan estupendas la facilidad de comprendernos. 


    Pero me visitó en sueños. Vino. Me alegré muchísimo. Hablamos largo y tendido una noche, cuando ya no estaba. Me dijo que no me preocupara por nada, que todo continuaba, y esa conversación de toda la noche es la última que tendré. Mi mente y quién sabe qué nos hicieron ese regalo. Y se fue, ya no volvió, pero la amistad que dejó en mi de adolescente tras esos campamentos de verano se quedó, al saber que existen antiguas amistades que sobreviven a los años.
    ...

    Nadie se ponga triste, que el camino que pasó por “J", "G", "JC", "AL" y "D” es el de la vida. Lindo ¿No? 

    Érase una vez todo lo que no se acaba, todo lo que se torna en algo tan sencillo como una sonrisa. La sonrisa de todos los días.


     

     

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  • 01/05/17--16:03: Pasos, pasos.

  • Chicó, Bogotá. 1 de enero de 2017
     
    Cuando se presentan retos nuevos es cuando la vida retoma el sentido que siempre ha tenido, pero con un color más vibrante. El 2017 ha comenzado con un paseo matutino por una calle casi desértica, momento que ha permitido a los sentidos ponerse nuevos retos. Y es que Bogotá realmente se vacía el 1 de enero y se vuelve en una metrópoli casi deshabitada. Caminando por la carrera 15, que cada día a cualquier hora es insoportable para el tráfico, una se siente por fin relajada entre los nueve millones que le acompañan. El estrés citadino se vuelve en un “búsquenme que no me encuentran” y sólo queda el reloj y el 2017.

     
    El 1 de enero me ha encontrado en una situación cómoda de nuevo, tras muchos vaivenes y decisiones que nunca son malas porque son las propias y porque permiten dar pasos hacia el lugar al que realmente se quiere ir. El 31 estaba saliendo de una zona rural hoy tranquila para dar paseos. Y conociendo y viviendo los nuevos retos, eso sin dudarlo.

     
    Bacatá era el nombre muisca de Bogotá. Hoy no quedan poblaciones originarias viviendo como solían hacerlo hace cientos de años, como sucede en tantas otras partes del mundo, pero ha quedado el nombre de Bogotá. De hecho, en los pueblos de Cundinamarca o Boyacá puede sentirse muy presente la arquitectura colonial española, y no tanto la de quienes habitaron antes.
     
     
    Hace casi un año, cuando llegué, miraba los restaurantes, las inercias, las frutas, las gentes y las costumbres con un ángulo entrañable tras los 3 años intensos en el desierto. Hoy veo puertas abiertas, novenas de aguinaldos, navidades de locura como en ningún otro lado que he vivido, y luces, y belleza incluso en las incoherencias.


    Villa de Leyva, Boyacá. 28 de diciembre de 2016
     
    Porque una amiga me dijo algo que estoy sintiendo: ¿Dónde como aquí vas a encontrar un lugar donde te sientas tan acogido, donde la gente sea tan abierta y te sientas en libertad, y sin embargo no se consiga todavía haber completado un proceso de paz? En este lugar que recomiendo conocer.

     
    No hay mejor momento que este para plantearse retos. Ni realmente mejor lugar que esta ciudad loca pero a su manera acogedora. No hay lugar como aquí para quitarse toda la cortina de los ojos y sólo pensar en lo que se quiere para el futuro. Sin miedo, sin pensar en qué dirán ni los que te importan ni los que no quieres. Colombia está siendo, para mí, el lugar que no sólo me ha quitado el miedo al cambio de rumbo, sino que me ha empujado a ello.

     
    
    Usaquén, Bogotá, 1 de mayo de 2016
     
    Y mientras tanto sigo buscando el hueco en el mar de personas, con la bici, el sol, la lluvia, Luminitza mi gata callejera, el verde y el asfalto, las manifestaciones, los amplios saberes, los discursos innovadores, los cambios que se esperan, el camino a la convivencia.

     
    No me quiero ir. Por suerte aún no me voy.

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  • 04/02/17--17:42: Conectada. Creciendo.

  • Aquí conectada el tiempo pasa rápido. Un segundo día de abril de un año impar…


    Siempre he creído que los años impares se me dan mejor que los pares, pero trataré de deshacer mi propio mito pensando que, si bien este año trae novedades, estas se gestaron en un año par, que fue el pasado.


    Y esta conexión que me trae el buen año impar no es otra que aquella que la que me permite tener algo más en común con la familia y amistades del lugar donde nací, o con esa gente que me quiere y anda repartida lejos de Bogotá. Es la conexión de sentir formar parte de un todo, a través de lo nuevo que viene.


    Pero tengo un reto enorme: El de seguir siendo yo, el de no perder lo que me apasiona o por lo que me he movido desde hace años. El reto es conjugarlo descubriendo juntas cada paso, desde este mismo momento y sea lo que sea lo que deba venir.
     

    Esta vida errante que ya lleva una década y media, pero que siempre he llevado dentro, es lo que me desespera empezar a explicar. Que el planeta está lleno de matices y rincones, y que todos ellos se comparten de alguna manera. Ver a través de mis ojos y ver a través de esos otros que se forman, mientras no pierdo el rumbo a pesar de querer que todo salga bien.


    La fuerza de las energías luchadoras que me preceden y de las que vendrán, como ésta, es la que espero que me guíe. No como algo abstracto, sino bien real. El reto de no tener lugar fijo no será el centro, sino que lo serán las ansias de conocer y de allanar cada paso.

    Porque no puedo evitar las enseñanzas de los lugares donde he vivido, cuyas realidades necesito nunca olvidar para poder transmitir:
    -        Vaduz, Liechtenstein, donde jóvenes maltratadas y maltratados me enseñaron el valor de seguir adelante en medio del abandono.


    -        Nairobi, Kenia, y sus slums en los que parece no pasar nada mientras turistas vienen y van en sus todoterrenos, queriendo comerse el mundo con sus buenas o malas intenciones.


    -        Madrid, y la cantidad de gente de no se sabe dónde y de no sé cuántas creencias dispares con la que me pude llegar a cruzar en un año.


    -        Ese pequeño pueblo bereber llamado Hassi Labiad, en Marruecos, que en sólo tres semanas reimpulsó las iniciativas que ya había tomado, y me hizo empezar a amar el Sáhara en su inmensidad.


    -       Nunca, nunca, pero nunca olvidaré La Paz de La Paz. Una amiga me dijo una vez que hay ciudades para cada quien, y la mía fue ese lugar y sus movilizaciones de 2005. Nunca nada volverá a sucederme como encontrarme en medio de ese clima socio-político. Y nunca más he vuelto a vivir sola para conocerme como allá. ¡Bravo mi querida ciudad de adopción!


    -        Huambo, en Angola. Windhoek, en Namibia. Kigoma, en Tanzania. Y Ouagadougou, en Burkina Faso. O lo que yo llamo mi recorrido de breves espacios de tiempo en el África llamada “negra”. Siempre llegué de un brinco, sin pensar, y salí de la misma manera.


    -        Quito y sus reflexiones, y las montañas de conocimientos y amistad. La mitad del mundo en un momento de altibajos y éxitos.


    -        El Sáhara Occidental, aquí en este blog escribí cuando llevaban 39 años de lucha y ya van más de 41… y como siempre contando. Mi amor ha quedado allí y nunca se ha ido, aunque no vea el momento de volver.


    -        Las ciudades de mi “ruta mediterránea” en las que finalmente vivo, que me enseñan cada día la diversidad de esa diminuta, y a veces dividida parte del mundo en la que he crecido.

    -        Nuakchot, la Mauritanie, ¡ay la Mauritanie! Cuánto calor, cuánta historia, qué rumbos toma la vida para llevarte hasta
           allí para volver conectar todas “esas áfricas”.


    -        Bogotá y la fuerza de los nuevos procesos, de los cambios en el caos y mi pequeña y creciente familia en medio de ellos. Gente y lugares que me enseñan a no perderme.


    -        El resto del mundo y lo que queda por conocer y por vivir, sea en un lugar profundizando sobre él o sea siguiendo en 
           estas vueltas… cada vez más acompañada.


    Raquelicayni sigue creciendo.
     

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    ¿Y la memoria? ¿Y la justicia?


    No es sólo aquí, no es solo ahora, no es sólo en Colombia sino en todos los países y continentes, pero no quiero dejar pasar este ejemplo que evidencia que el mundo todavía debe seguir cambiando mucho. Ayer fue el desierto. Hoy es el caribe. Mañana…


    ...

    Bolívar es uno de los 32 departamentos de Colombia. Una parte de él está situado en la costa del Mar Caribe y es conocido por su capital, Cartagena de Indias, aunque mucha gente de fuera del país no sepa el nombre del departamento como tal, sólo el de esta ciudad.

    Igual de desconocido que el nombre de esta zona administrativa colombiana. Así de escondidas y casi siempre olvidadas son las vidas de muchas de las personas de viven en la zona alejada de la urbe amurallada. Buena parte de los habitantes son mujeres, que viven a pocas horas de las playas y de los turistas del extranjero, y cuyas vidas siguen al margen de ese llamado “desarrollo” que se vive en el país.


    Recientemente, estando sentada en una sala de reuniones en la bulliciosa Bogotá, con una panza de más de 7 meses que no me permite mucho levantarme de la silla, una de esas mujeres se acercó y nos contó algunas historias acerca de algunas vidas tras sufrir un abuso sexual vinculado al conflicto que les ha sacudido tantos años. Y no son inventadas, sino contrastadas mediante investigación.


    Historias sanitarias:


    Primer caso, el de cirugía estética. ¡Pero la cirugía estética es algo mundano que los servicios de salud públicos no pagan! Si la mujer quiere verse bella, que se lo costee. También la mujer rural, también aquella a la que mientras violaban le rasgaban la cara para que todo el pueblo supiera que había sido ese guerrillero y no otro el que más víctimas acumulaba en su haber en esa comunidad. También en ese caso.


    Segundo caso, el del/la colonproctólogo/a. Por fin, después de muchos años, una mujer totalmente desgarrada por un abuso consiguió con acompañamiento legal que le derivaran de forma gratuita a uno de estos especialistas. Y no hay ni una sola clínica en toda la región de Bolívar para atenderla. Y así lleva ya meses buscando.


    Tercer caso, ¿y un/a sexólogo/a? También algo poco común, e indispensable que se brinde en centros de salud a ciertas mujeres que nunca más volverán a tener una vida sexual normal tras una de estas tragedias. Con suerte lo han superado, pero llega el momento de la verdad, el momento de volver a enfrentarse con la intimidad.


    Historias psicosociales:


    La pérdida de niñez. A los 9 años todavía se juega con muñecas y la vida se ve sencilla. Hasta ese momento en el que por ser violada ya ni tú misma ni nadie más te reconocerá como niña. Entonces, de golpe, a los 6, 7, 8 o 9 años dejas de ser niña. Y nunca más lo serás. Esos años perdidos nadie los retorna, ni con toda la salud, todo el dinero y todo el amor del mundo.


    La atención diferenciada. Pero es que son muchos los casos… no se puede atender a cada mujer de forma personal porque no hay recursos suficientes ni tiempo para ello. Si llegan a ser atendidas se les aplica el protocolo legal, y ya con eso pueden darse por satisfechas. Pero un caso, sólo un caso en el que una mujer pudo volver a la playa y “despedirse del mar” para perdonar todo lo sucedido marcó la diferencia en su vida. Qué habrá de todas las demás…


    Sanarse para perdonar. No sólo estas mujeres, sino también quienes a veces les acompañan en su peregrinación sanitaria, social y legal, con toda la buena voluntad, pero que tampoco han sanado. Y es que para avanzar hacia la paz, la comprensión y la empatía una persona debe haberse sanado previamente. Así de sencillo y de complicado en ciertos contextos en los que prima lo que se necesita aquí y ahora.


    Parejas que no comprenden. Sólo quien pasa el trauma sabe lo que es. Una pareja puede amar, comprender, convivir, estar al lado… pero si no se trabaja con quienes acompañan la recuperación de aquellas que han sufrido abuso sexual, ésta siempre será más lenta y costosa.


    Historias judiciales:


    El caso de las modernas redes sociales. Hay una cuenta de Facebook para acusar a mujeres tras denunciar a agresores de violencia sexual. Y tiene bastantes seguidores de las poblaciones de donde ellas son. Dicen que con toda probabilidad ha sido creado por funcionarios/as públicos/as. Sin palabras. Si estos casos no logran salir de lo local y se criminaliza a las víctimas usando las redes ¿cómo no esperar que haya tanta impunidad? ¡Pero qué malas mujeres éstas que denuncian, cuando ya sólo queda olvidar!


    El caso de “yo no veo nada”. O aquel hombre haciendo gestos delante del juez de “te voy a matar” a la mujer que le ha denunciado, sabiendo que casi con toda probabilidad no pase nada y luego pueda seguir en la calle amedrentándola. Y hasta el momento efectivamente no ha pasado nada, porque el juez no vio nada y si vio no va con él.


    ... 

    Y después preguntan por qué seguir haciendo política. Todo lo personal que le pase a cada una de estas mujeres fuertes es también político. Es lo mínimo que se puede hacer. Lo mínimo de lo mínimo.




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    Puede ser que más o menos dentro de una década y media podré contarte por qué estaba en Colombia, por qué llegaste aquí. Muchas han sido las mujeres que han servido para guiar mi camino. Algunas de ellas son eruditas y sus pensamientos han supuesto un antes y un después en mis convicciones, otras tantas ni siquiera saben que son referentes para mí sólo por el hecho de no tener otro remedio en la vida que ser fuertes. Ahora tú serás una más de todas ellas.


    Vas a llegar a un mundo un poco loco, en el que hay cosas que avanzan pero otras que parece que nunca cambien. No te voy a engañar, aquí nada es igual para todo el mundo. Si nada tienes, te cuesta todo mucho más y probablemente siempre tendrás poco, a no ser que nazcas con estrella y además te esfuerces mucho. Si todo lo tienes, quizá la cosa sea fácil pero no faltarán los retos. Aunque no importa el contexto, todo te va a costar un poquito más a ti fuera de casa. Te van a pedir más por no ser hombre, vas a tener que demostrar muchas cosas. Cada mes tu cuerpo te hará saber quién eres y habrá quien dé por ciertas cosas que no lo son.


    No podremos estar siempre contigo, ni mucho menos pretendo que lo estemos, pero trataré de mostrarte lo bello y lo duro de este mundo para que las decisiones que tomes y las situaciones que vivas sean algo más llevaderas. Tendrás que decidir tantas cosas… y me gustaría que fuera en un mundo donde cada persona sea eso, una persona, pero no es así. Serás catalogada por tu nacionalidad o nacionalidades, tu sexo, tu supuesto estatus, y tantas otras cosas. Sólo te pido que no dejes que eso te ponga límites. Tus límites sólo los creas tú misma.


    Quizá el hecho de viajar ayude, o al menos eso espero. Lo que está claro es que no vienes a este mundo a ser sólo de un sitio, sino de todo él con su riqueza. Hemos de encargarnos de ello. Sé que será complicado cuando alguien te pregunte no poder responderle que eres de aquí o de allá, sino que tus influencias vienen de varios lados y que ello te hace como eres, pero precisamente tu respuesta reflejará que nada es blanco o negro, ni viene previamente etiquetado, sino que se va construyendo, como la historia misma.


    También quisiera contarte que a pesar de la inmensa belleza de este mundo, que es increíble, también habrá altos y bajos. Momentos en los que no tengas nada claro y otros de total lucidez. Y es en las situaciones grises en las que la claridad de mente por no conocer un sólo contexto te puede ayudar. Quédate con lo que más te guste de cada lado, compáralo y decide. Y recuerda siempre que tu mente es un infinito mundo de posibilidades. No es ciencias o letras, no es débil o fuerte, no es tímida o abierta. Lo es todo al mismo tiempo y sólo tú sabrás qué parte es en la que quieres profundizar más.

    Reflexionemos juntas, en medio de esta espera. Y después sigamos deambulando.





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  • 09/24/17--17:07: Lo que estoy viendo ahora

  • Hoy ya son las 17:35 del día 54 tras la llegada de ella. Las conexiones mentales cambian, los miedos cambian. Una amiga me dijo una vez que fue a partir del nacimiento de su hija que le empezó a dar pánico montar en avión, por si algo le pasaba, para que la niña no se quedara sola. Por mi parte, trato de luchar contra mis fantasmas internos pero es complicado con alguien que depende de una.


    Hace como tres semanas estaba en urgencias de una clínica. Simplemente el postparto se complicó por una infección unida a uno de esos virus ambientales. Allí tuve un tiempo obligado para “recopilar” cómo inició mi embarazo y cómo me encuentro a día de hoy, con la vida cambiada entre viaje y viaje. Sólo tengo un corto periodo para reflexionar, luego volveré a mi rutina de moverme de acá para allá, con otro matiz pero retomando las cosas de siempre. Por eso es en este momento que resumo lo que mucha gente vive pero que cada persona sentimos de una manera.


    -        Antes: No poder te deja mentalmente agotada, así como el hecho de deber decidir el mejor momento en una vida inestable en muchos sentidos. Ya decidido, por fin, no es como parece. En mi caso tratamientos, engordar, mal humor una vez cada 28 días durante meses y meses, no preocuparme más que por esto, a veces desesperación, a veces esperanza. Y un entorno cercano nada comprensivo en algunos momentos (no olvidaré la frase de una jefa del trabajo que no llegué a denunciar: ¡Ni se te ocurra embarazarte!). Pruebas, lentitud, paciencia, mucha paciencia.


    -        Los primeros tres meses: Ya por fin el positivo y llegan los altibajos de los que te hacen creer que estás un poco loca. También los temores y alegrías, el mal cuerpo y los análisis sanguíneos totalmente trastocados. Pastillas, médicos pero también amistades y familia. Organización para el futuro, nervios y esperanza. Picores, nauseas, buen y mal humor. También, como no, las primeras compras y con ellas las primeras cuentas, unidas a un poquito de vértigo.



    -        Los tres de en medio: Comienza a cambiar todo. Los picores se vuelven ronchas y los viajes más reducidos. Vienen calambres, viene de todo. Con la ropa que no cabe una se siente más feliz. Se notan dolores pero las primeras patadas hacen que todo se lleve mucho mejor. Es, como en todo momento, lo duro unido a lo dulce, el dolor unido a la ternura. Como alguien del trabajo también me dijo en este trimestre, “yo me lo he buscado”. Si, es cierto, pero no por ello se debe dejar de compartir no solo lo bueno sino también lo malo, aún en alguien como yo que lo esperaba tanto.


    -        El tercio del final: La dieta cambia y el pincharse seis veces al día para medirse la glucosa se vuelve duro si se da el caso de tener diabetes gestacional como yo, otras tendrán otra cosa. Una ya no aguanta el cuerpo y las preocupaciones por el final llegan unidas a las ganas de que por fin todo acabe. No dormir, ya no dormir. Molestias y más molestias. Y amor, mucho amor, hasta que llega el momento y le ves. 


    -        Y el post: Se suele contar muy poco de la madre en el postparto, pero si se indaga se encuentran casos de todo tipo: incontinencia y problemas variados en el baño, infecciones, depresión por no poder lactar bien, excesiva responsabilidad volcada en la madre por presiones varias, dolor en los pechos... entre otras cosas. En mi caso, aunque vivo esto muy bien acompañada, puedo comer sushi y jamón, correr la maratón si quiero y cuidar a mi gatita, esta etapa ha sido más dura que el embarazo.

    No nos vamos a engañar. Esto no es un lecho de rosas y no se es mala madre por decirlo. La dulce espera puede ser la ardua espera y aunque casi siempre sale todo bien después y las personas tengamos la capacidad de olvidar lo malo, he querido escribir este resumen antes de ello, para recordar a todas las mujeres que pasan por esto sin cesar, y deseando que el mundo reconozca y ponga por fin a cada quien en su lugar. Y dicho sea de paso, no puedo ser más feliz.



    Raquelicayni seguirá publicando lo que ve, allá donde esté, pero en este preciso momento todo lo que estoy viendo es su cara, eso es lo que veo. La aventura seguirá luego, siempre con ella.





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  • 12/13/17--18:31: Reparar es transformar

  • Volver al trabajo después de 5 meses desconectada teniendo que dar unas palabras sobre la situación de posguerra en Guatemala para presentar a una persona que venía a Colombia, sin conocer el contexto, no viene nada mal para investigar y leer sobre algunas cosas de las que no tenía ni idea. Interesarse es conocer.


    He tenido la suerte de escuchar a alguien de una organización que se llama “Mujeres transformando el mundo” sobre lo que es la reparación transformadora, término a través del cual he aprendido más acerca de lo complicado que es que una persona y una sociedad se recuperen de un conflicto.


    Y es que para transformar, cuentan desde esta organización, tuvieron que hacer todo el esfuerzo del mundo para que las “abuelas” de una pequeña aldea tuvieran una sentencia judicial en firme que les permitiera a ellas y a su comunidad seguir adelante tras años de abusos sexuales y violencia de todo tipo, pero más profunda hacia ellas.


    La reparación es el último eslabón de la justicia, pero el más importante para poder volver a tener una vida normal. Por suerte, en este caso, se dio un contexto favorable y consiguieron que quedara todo sobre el papel, tras un juicio muy mediatizado, pero que consiguieron ganar. La otra cara es que desafortunadamente se ganó no porque fuera justo reparar a un grupo de mujeres mayores (porque si así fuera en tantos apartados lugares del mundo habría miles de sentencias) sino por dos simples motivos: porque la televisión no se opuso y porque las abuelas transmitían credibilidad, al menos algo más que una joven con poca ropa.


    Pero la cosa no quedó en la sentencia. Quienes sabemos acerca de lo que significa la legalidad ligada a la violencia basada en género sabemos que no sólo hay mínimas sentencias sino que cuando éstas se consiguen luego no se hacen realidad. Este caso no fue diferente: hubo 500 páginas de una resolución judicial que por supuesto no iba a leer nadie, y mucho menos en una comunidad en el campo, y por tanto iba a quedar en nada. Mujeres transformando el mundo tuvo que resumir el texto, dejarlo todo muy clarito y ponerse manos a la obra para la reparación. Para ello tuvieron que recoger montones de datos e ir institución por institución haciéndoles ver la situación real de estas abuelas, ya que quienes debían poner en marcha las medidas de la sentencia no se lo tomaban en serio o no les creían… no creían que la situación de estas mujeres hubiera sido tan grave como se decía.


    En fin, que por lo que escuché esa estupenda mañana de hace un par de semanas en Cartagena de Indias y por lo que he podido averiguar, se trata de un caso realmente emblemático. Se pagó a estas mujeres, se obligó a instituciones públicas a hacer bien su papel y se les ofreció no sólo a estas mujeres sino a sus comunidades una mejor salud y otros beneficios, tras la guerra en Guatemala.


    Y es que no basta con meter a los culpables en la cárcel. Eso sólo es el principio. La vida viene después, mientras haya vida.

    El pueblo y el caso se llaman Sepur Zarco. La rabia es que estas reparaciones son casi inexistentes en el mundo. ¡Bravo por quienes consiguieron dar este paso en un planeta deshumanizado! 




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    Nuestros tres abrigos
    Hace ya siete años que publiqué en este mismo blog cómo había sido mi última visita a Bolivia, en ese caso a las tierras cercanas a la Amazonía. Esta vez por fin he estado tres semanas en La Paz, donde normalmente sólo podía ir de pasada. Y sobre todo, y lo mejor, esta vez ya no he ido acompañada de un nacional sino de dos, en este nuestro primer viaje juntas, hija. Cuesta explicar lo que se siente al caminar de nuevo por Sopocachi o la Sagarnaga pero contigo…  y regresar ocho años después al lugar al que pensé que ya no volvería la primera ver que me fui.

    Vista de La Paz en día de lluvia,
    desde el nuevo teleférico
    He visitado decenas de aeropuertos en estos años, pero no hay emoción como la de volver al segundo hogar y que la bienvenida sea a esas horas intempestivas de la madrugada con un achuchón y un buen mate de coca. No podía empezar de mejor forma. Hay una parte anecdótica que también se repite, y es que casi nos perdemos por las calles de El Alto, como cada vez que llego y no bajo en taxi hasta la ollada* paceña. Mientras encontramos el camino, esa vista de la ciudad se me pone delante, para que no olvide cómo estas alturas me erizan la piel, no importa las veces que llegue.

    Y por supuesto, como aterrizamos en domingo, los nervios de ir a por salteñas no me dejan recuperar demasiadas horas de sueño. Y a las once de la mañana ya estoy esperando por una de pollo y una de carne. Pero es que al día siguiente, el lunes, en lugar de salteñas serán marraquetas bien madrugadoras, en la tienda de la casera** del frente. Y es que lo que más me hace sentir que estoy en mi hogar andino es tener todo a mano, no sólo pan sino desde unos calcetines hasta un alargador para un enchufe.
    A lo lejos, comprando marraquetas, 7am
    Hemos ido en enero justamente para poder comprar algo también cerca, pero en este caso algo que no hay todo el año. Cuando planificamos el viaje me fue sencillo decidir cuándo ir: Para Alasitas. Así, al tercer día ya estamos frente a una yatiri esperando a que nos challe las miniaturas de todo lo que le pedimos a este 2018 y de repente recuerdo que he olvidado pedir una nueva computadora, que hace ya once años que tengo la actual. Y bajo de nuevo entre los ríos de gente en la búsqueda de algo negro chiquito, que seguro es la máquina: “¿Cuánto cuesta esta?” - Le digo a la cholita -. “¿Quiere su tanquecito de agua, caserita?" - Me responde -. "¡Ups!" - pienso yo -. Hay cantidad de tanques de agua en las alasitas este año, cómo se nota que en sur de la ciudad, donde hemos estado, hace no mucho que se ha cortado el agua y no la han tenido por un buen tiempo. Importante es pues pedir el oro líquido transparente, sin eso no hay nada de lo demás.
    Uno de los carteles de la Feria de
    Alasitas de 2018
    Pero lo mejor al terminar la mañana de alasitas no es ni el mercado, ni mi hija con esos ojitos mirando todo lo que sucede en una de sus dos tierras, ni la señora mayor con su nieto pasando todas sus energías a nuestros amuletos. Un simple gesto me ha terminado de arreglar la mañana de "estreses" por los papeleos previos (que también los ha habido, y muchos): una señora me ha regalado trescientos pesos bolivianos de alasitas por la calle. Así, sin más. Pero todo lo tradicional e interesante tiene, también, su otra cara. Cuando hay celebraciones como esta o el carnaval todo se para, y por supuesto ese día no hemos podido terminar nuestros trámites, ya no ha quedado nadie en las oficinas.
    Certificados de buena salud
    comprados en alasitas para la familia
    El viaje también sigue en una semana normal de trabajo, en la que he podido ir a varios lugares donde había trabajado, compartido, vivido y conocido una parte escondida de mí. La emoción que me ha traído pasar por esos sitios ha hecho que, sin darme cuenta, cada vez que he visto uno de ellos me haya sorprendido a mí misma balbucenado algo como un “mmmmmm….”, como si degustara un manjar. Y es que he degustado mi propia historia, lo que ha construido mi vida actual. Por algo el destino me llevó allá en ese momento hace trece años y no a cualquier otro lado, para que fuera parte de mí.

    Mi gata, que también nos ha
    acompañado, mirando a la ciudad
    Es como la política, y como llegó a ser parte de mi vida diaria cuando vivía allí. Pero es que cuesta no posicionarse porque puedes ver muy de cerca cómo te afectan directamente las decisiones de quienes mandan los países. Y no es que donde me he criado, en España, nos afecten menos, es solo que parece que a veces seamos “animales apolíticos” que vivamos en una realidad paralela a las decisiones que están tomando por nosotros/as. En Bolivia nunca me sentí así, quizá porque por ejemplo un cambio en una ley hace que la gente se levante y paralice la sede de gobierno del país. Un bloqueo deja a la ciudad sin comunicación posible, ni de salida ni de entrada, situación en la que la morfología de La Paz colabora al no tener muchas vías de escape. Y de ese modo sientes claramente como tu cuerpo, tu vida y tus planes personales son parte de la política. Como ejemplo, en este viaje hemos tenido que alargar una estancia en el lago Titicaca, por un bloqueo por el cual no hemos podido volver a la ciudad el día previsto. Otra característica que recuerdo de mi vida allí: la “re-planificación” constante.
    Balsa de totora, lago Titicaca
    Pero ese viaje bloqueado sería ya casi al final de esta visita, antes de eso ha continuado, en mi segunda semana, con la degustación de delicias: api con buñuelo, tucumanas, tuna, ispi… y lo mejor de todo, el menú que por fin he podido probar en Gustu, un restaurante que trata de recuperar sabores típicos a través de la cocina de chefs ahora tan de moda, pero sólo con ingredientes de temporada. Allí he podido probar incluso hormigas o lagarto, que cuando vivía en La Paz no pude. Y hablando de lo típico, aunque lo que se coma sea algo tan internacional como el pan, el queso, las “carnes frías”*** o la mantequilla, lo mejor de lo mejor de lo mejor es esa costumbre de tomar siempre té (tecito) por la tarde. Si una comida se alarga y dan las cinco de la tarde no te vas de un lugar sin tomar tu tecito, y si llegas a una casa a esa hora que no se diga: ¡A comprar insumos para el tecito! De veras que las tardes de té caliente cuando afuera hace frío me encantan.

    Pique macho cocinado en casa
    Hormiga de la comunidad de Apolo,
    en el restaurante Gustu
    También me encanta que casi todo siga en su sitio, como el lugar donde celebré mi 28 cumpleaños, que de llama Dumbo y es un restaurante familiar de toda la vida, o el cafecito cerca de la Plaza San Frascisco donde hacía las reuniones de trabajo del pequeño proyecto que fue el primero que gestioné, o el Café Ciudad donde iba a recuperarme tras las noches de juerga y que sigue estando abierto 24 horas, o pasar por la UMSA y seguir viendo sus conciertos en la calle, y tantas otras cosas que tuve la suerte de volver a experimentar con la familia y en mis dos tardes de asueto deambulando sola.

    Precisamente en esas dos tardes de asueto de mi segunda y tercera semana he podido también volver a hablar con gente querida, como si nos viéramos todos los días, justamente sobre lo que cambia y lo que no, después de correr para poder hacer todo lo que recuerdo que hacía en mi vida allí. Hablamos de lo tradicional que sigue siendo La Paz a pesar de los cambios que se ven tales como el nuevo teleférico de la ciudad. Un ejemplo de ello es que plataformas como Uber, que en otros lugares del mundo han funcionado muy bien, son todavía poco usadas. La gente sigue prefiriendo el bus, el taxi (muchas veces aun arreglando el precio antes de subir), el radio taxi, el trufi o el minibús. Los transportes de siempre generan mayor confiabilidad, al ser lo conocido. Es como si todo fuera a su ritmo en esta ciudad de las punas alto andinas. Es el único lugar del mundo que conozco donde McDonald’s quebró. En fin, que si no fuera así no sería La Paz.

    Tampoco sería lo que es si no siguieran existiendo zonas como la feria de El Alto, el Uyustus o la Eloy Salmón, lugares en los que puedes encontrar casi de todo. Y tampoco sería La Paz si no continuara sorprendiéndome lo interesada que está a gente por todo lo relativo a la cultura, con conciertos que se llenan. Y tampoco si no hubiera la challa de la casa, de la oficina o del auto, y otras tantas, tantas tradiciones y detalles que no puedo parar de enumerar. Pero tampoco si consiguiéramos movernos bien con nuestro carricoche por las calles con esas subidas y bajadas. Y finalmente tampoco si las despedidas con la familia no fueran tan cálidas, entrañables, con esas vistas a la ciudad, y si no me hubiera hecho tanta gente sentir que siempre tendré allí mi casa.

    Despedida de la familia

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    * Se suele decir "ollada" a La Paz por la forma que tiene de olla la ciudad.
    ** Se les llama caseras y caseros a las dueñas de los comercios o puestos donde se suele comprar todos los días. También esas personas le llaman casero y casera a quien le compra seguido.
    *** Así se le llama al embutido.

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